A principios de los años setenta, Italia seguía disfrutando del crecimiento económico, aunque empezaban a aparecer las primeras señales de incertidumbre.
En este contexto, Angelo Facchinetti decidió asumir el reto y abrir su propio taller mecánico en Trescore Balneario.
Sin grandes recursos económicos, pero con una fuerte ética de trabajo y el apoyo de su esposa Ermina, comenzó un camino empresarial basado en la calidad, la confianza y la perseverancia.
El taller bajo la plaza
Las jornadas comenzaban al amanecer y terminaban tarde por la noche. Los primeros trabajos procedían de empresas locales que requerían mecanizados de precisión y trabajos de torneado.
Las personas antes que los productos
Con el crecimiento de la actividad llegaron los primeros colaboradores, jóvenes aprendices que se desarrollaron profesionalmente junto a la empresa.
Crecer con visión
Cada inversión era cuidadosamente estudiada. La expansión fue gradual, pero sólida, construida sobre relaciones duraderas y un compromiso constante con la excelencia.